Sargón, el primer emperador de la historia

Busto de época acadia. Posiblemente perteneciente a Sargón - Museo Nacional de Iraq, Baghdad
Emperadores ha habido muchos en la historia, pero, ¿cuál fue el primero?
Hasta donde conocemos de la historia humana este título se lo llevaría Sargón de Akkad, fundador del imperio acadio en tiempos muy muy remotos (2334-2193 a. C.).
Es muy difícil discernir el mito de la realidad en esta figura histórica, incluso algunos ponen en duda su propia existencia. Lo más probable es que fuera un monarca al que, con el tiempo, se le atribuyeron hechos de otros personajes históricos ya olvidados.
Pudo tratarse de una persona de origen humilde que adquirió cierta fama en el ejército.
Tras derrotar al rey de Kish, posible patria de Sargón, se erigió como campeón de la diosa Enlil, quien le entregaría el mar superior e inferior (mar Mediterráneo y golfo Pérsico respectivamente).
Su campaña inicial se centró en el sur de Mesopotamia. Conquistó las ciudades de Uruk y Ur, focos primordiales de la civilización sumeria nueve siglos antes de su tiempo. Procedió con las conquistas de Lagash y Umma hasta someter todas las ciudades entre Akkad y el mar del sur. Allí limpió la sangre de sus armas, en un acto de gran envergadura simbólica.
Después se movilizó al norte, donde hay testimonio de sus conquistas hasta la actual Siria.

Conquistas de Sargón de Akkad/Agadé (2334-2280 a. C.)

Una vez terminabas sus conquistas, asentó a caudillos fieles en el poder que hablaran lengua acadia, lengua semítica hablada en Mesopotamia central y posible lengua materna del rey.
Las revueltas se sucedieron incluso con los sucesores de Sargón, pero este clima hostil no entorpeció los pasos del monarca, que trató de revitalizar toda Mesopotamia central y sur desde su nueva capital, Akkad o Agadé. Esta ciudad permanece aún escondida bajo tierra, a la espera de que alguien encuentre sus ruinas a orillas del Tigris.
Sargón se definió como un rey único, y ciertamente lo era, pues llegó a cambiar la realidad de ciudades estado existente en Mesopotamia para dar paso a los primeros imperios de la humanidad.
Un personaje fascinante a la par que misterioso.
Ilustración de Sargón de Akkad - Miɫek Jakubiec
El primer timador de la historia
Hacia el año 1.800 a. C., en la ciudad sumeria de Ur, Mesopotamia, se dio lo que hoy en día se considera como el timo más antiguo de la historia. El artífice se llamaba Ea-Nasir, el menos fiable de los comerciantes de cobre de Ur.
En algún punto indefinido del año 3.500 a. C., los herreros de Oriente Medio descubrieron que, mezclando su cobre local con estaño extranjero, producían un metal más fácil de moldear que los anteriores basados en la mezcla de cobre-arsénico o cobre-antimonio. Además, su punto de fundición era mucho menor, lo que ahorraba el gasto energético en el proceso, así como evitaba que burbujeara, facilitando su manipulación de un modo nunca visto. Por ello, el estaño se volvió en un recurso muy valioso, aunque tenía un gran problema: era escaso en Mesopotamia.
Es entonces cuando las comunidades del lugar se abren al mundo en busca de tan preciado mineral. Uno de los lugares de explotación más famosos en el Antiguo Oriente, era la región de Dilmun, cerca de la actual Bahrein, en el Golfo Pérsico. Los comerciantes sumerios recorrían grandes distancias intercambiando textiles y plata por estaño.

De este modo se enriqueció Ea-Nasir, cuyo nombre significa ‘El protector de Ea’, dios de la sabiduría y la picardía. Su vivienda es una muestra de ello, pues se ha excavado en los yacimientos de la antigua Ur. Las casas en Sumeria solían estar muy pegadas entre sí, compartiendo muros y con calles demasiado estrechas para los estándares actuales. La distancia entre paredes la delimitaba la largura de una puerta al abrirse, y la casa de Ea-Nasir no era una excepción. Sin embargo, el interior era otra cosa. Disponía de un patio interno rodeado de cinco habitaciones en la planta baja y, probablemente, otras cinco en una superior. Al compartir muros con los vecinos, era habitual que aquellos adinerados compraran las habitaciones del vecino, sellando la antigua puerta y abriendo una en dirección a su hogar.


Ilustraciones de las casas sumerias

Plano de la casa de Ea-Nasir, en Ur, según las excavaciones arqueológicas realizadas
La vida en la ciudad debía ser agobiante, y por ello Ea-Nasir marchaba a menudo de la urbe por trabajo. Posiblemente hablaba el idioma de Dilmun con fluidez, lo que despertaría el interés de los sacerdotes. A veces trabajaba realizando encargos para el templo, y, otras veces, en asuntos privados. Es en este ámbito de su vida donde conocemos el logro que ha hecho que Ea-Nasir pase a la historia como el primer timador del mundo hasta la fecha.

Los arqueólogos han descubierto un gran depósito de tablillas de arcilla que muestran los tejemanejes del mercader. Una de ellas registra un cargamento de nada menos que veinte toneladas de cobre, un buen ejemplo de la importancia de este personaje en su gremio, mientras que otra muestra la impotencia de uno de sus clientes en el siguiente texto:
“A Ea-nasir, Nanni envía el siguiente mensaje:
Cuando viniste, me dijiste lo siguiente: “Le daré a Gimil-Sin (cuando llegue) lingotes de cobre de buena calidad.” Te marchaste entonces, pero no cumpliste lo que me prometiste.
Pusiste delante de mi mensajero (Sit-Sin) lingotes que no eran buenos y dijiste: “Si quieres tomarlos, tómalo; si no los quieres, vete.” ¿Qué te crees que soy para tratarme con tal desprecio?
He enviado como mensajeros a hombres de nuestra misma condición para recoger la bolsa con mi dinero (depositado contigo), pero los has tratado con desdén y los has enviado de vuelta con las manos vacías en repetidas ocasiones, y eso a través de territorio enemigo. ¿Acaso hay algún otro comerciante que comercie con Dilmun que me haya tratado así? ¡Solo tú tratas a mi mensajero con desprecio!
Por esa única (insignificante) mina de plata que (se supone) te debo, te permites hablarme de esa manera, cuando en tu nombre he entregado al palacio 1.080 libras de cobre, y Umi-abum ha entregado igualmente 1.080 libras de cobre, sin contar lo que ambos hemos hecho registrar en una tablilla sellada que se guarda en el templo de Samas.
¿Cómo me has tratado por ese cobre? Has retenido mi bolsa de dinero en territorio enemigo; ahora es tu responsabilidad devolvérmelo íntegramente.
Toma nota de que, de ahora en adelante, no aceptaré ningún cobre de tu parte que no sea de buena calidad. A partir de ahora, seleccionaré y recogeré los lingotes uno por uno en mi propio patio, y ejerceré mi derecho de rechazo contra ti porque me has tratado con desprecio”.

Tablilla número 131236 - Museo Británico, Londres
Esta tablilla de 11.6 x 5 x 2.5 cm es el ejemplo perfecto del mercader abusivo, de la figura que, en un episodio de los Simpsons, Bill Gates confiesa que para construir un imperio no sirven las buenas formas.
La subasta de niñas en Babilonia
La visión griega sobre los pueblos que existían más allá de sus fronteras nunca fue la mejor. Los griegos mostraban una aberración casi pareja a su fascinación por otros pueblos, especialmente hacia los grandes imperios orientales, que servían a las mentes de los griegos como vía de escape para sus fantasías más alocadas.
Esta faceta es muy notable en la obra del historiador Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C.), quien es considerado el padre de la historia. Sus escritos están empapados de apuntes etnográficos muy interesantes pero exagerados.

Busto de Heródoto, s. II d. C. - Museo Metropolitano, Nueva York
En su descripción de los babilonios, el griego elogia una extraña costumbre que estos tenían:
“Entre sus leyes hay una, a mi parecer, muy sabia, de la que según oigo decir usan también los enetos, pueblos de la Iliria. Consiste en una función muy particular que se celebra una vez al año en todas las poblaciones.
Luego que las doncellas tienen edad para casarse las reúnen todas y las conducen a un sitio en torno del cual hay una multitud de hombres en pie. Allí, el pregonero las hace levantar de una en una y las va vendiendo, empezando por la más hermosa de todas. Después que ha despachado a la primera por un alto precio, pregona a la que sigue en hermosura, y así las va vendiendo, no por esclavas, sino para que sean esposas de los compradores.

El mercado matrimonial babilónico - Edwin Long (1875)
De este modo sucedió que los babilonios más ricos y que se hallaban en estado de casarse, tratando de superarse unos a otros en la generosidad de la oferta, adquirían las mujeres más lindas y agraciadas. Pero los plebeyos que deseaban tomar esposa, no pretendiendo ninguna de aquellas bellezas, recibían con una buena dote las doncellas mas feas. Porque, así como el pregonero acababa de dar salida a las más bellas hacía poner en pie a la más fea del concurso o contrahecha, si alguna había, e iba pregonando quién quería casarse con ella recibiendo menos dinero, hasta entregarla por último al que con menos dote aceptara. El dinero para estas dotes se sacaba del precio dado por las hermosas, y con esto las bellas dotaban a las feas y a las contrahechas.
A nadie le era permitido colocar a su hija con quien mejor le parecía, como tampoco podía ninguna llevarse consigo a la doncella que hubiese comprado, sin dar primero fianzas por las que se obligase a cohabitar con ellas; y cuando no quedaba la cosa arreglada en estos términos, les mandaba la ley desembolsar la dote. También era permitido comprar mujer a los que de otros pueblos concurrían con este objeto.
Tal era la hermosísima ley que tenían y que ya no subsiste. Recientemente han inventado otro uso, a fin de que no sufran perjuicios las doncellas ni sean llevadas a otro pueblo. Como después de la toma de la ciudad muchas familias han experimentado menoscabo en sus intereses, los particulares faltos de medios prostituyen a sus hijas y con las ganancias que obtienen tratan de colocarlas” (Heródoto, Historias, 1.196).

Mercado de esclavos en la antigua Roma - Jean-Léon Gérôme (1884)
Ciertamente, parece una costumbre arcaica para llevarse a cabo en una sociedad tan jerarquizada como la babilonia, pues es probable que las grandes familias negociaran los matrimonios previamente. Por ello Heródoto señala que es una tradición perdida.
Sin duda es un claro ejemplo del abuso ejercido hacia las mujeres en estas sociedades patriarcales de la antigüedad, aunque debemos tener en cuenta la sociedad de su tiempo. De este modo, todas las jóvenes, cuya principal labor era el de dar a luz, podrían realizar su cometido, por lo que este tipo de costumbres trataban de promover la reproducción y la continuidad de la comunidad en un tiempo en el que la muerte estaba más presente que en la actualidad.
Por desgracia, aunque parezca una costumbre de otro tiempo, aún hay lugares donde se subastan a personas, y no tan lejos de lo que uno puede pensar.
Los fenicios y el tinte púrpura
Los fenicios, pueblo navegante que alcanzó las costas de las mismísimas islas británicas.
No obstante, ¿de dónde procede este pueblo?
¿Cuáles son los primeros registros históricos que los mencionan?

El nombre de fenicios y de la región habitada por estos se lee por primera vez en Homero (Odisea, 4.83). Está relacionado con el vocablo "phoinix" (Φοῖνιξ), cuyo significado es púrpura roja, uno de los principales productos usados en el tinte de las ciudades fenicias. Ya en los textos micénicos (II milenio a. C.) se encuentran referencias a este color.

Factoría de tinte púrpura
El área entre Siria-Palestina y Fenicia se la denominaba Canaán, atestiguado en numerosos fragmentos del Antiguo Testamento (Génesis 10.15-17; Éxodo 10.8, 13.5, 32.2). Desde el III milenio a. C. se les denominaba como cananeos, así como ellos mismos se otorgaban este nombre, el cual se vincula con el tinte púrpura en los textos acadios de Nuzi, fechados en el II milenio a. C.

Mapa de Fenicia (ss. XIV-XII a. C.)
Más tarde, Homero también utilizará el término sidonio para referirse a estos pueblos, gentilicio derivado de la ciudad de Sidón, una de las más importantes de la región. También reciben este nombre por sus vecinos más cercanos: en el Antiguo Testamento (Josué 11.8, 19.28), al igual que las cartas egipcias de El-Amarna y los textos sirios de Ugarit.
Sin embargo, en cuanto la ciudad de Tiro adquirió mayor relevancia en el panorama político de Fenicia, su gentilicio pasó a describir a los propios cananeos.
El popular tinte se generaba gracias a la mucosidad de la cañadilla (Bolinus Brandaris), un molusco de aguas poco profundas. Para producir una cantidad mínima de tinte debían emplearse miles de conchas, de ahí su alto costo.

Los fenicios alcanzan la realidad histórica en el paso de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro (c. 1200 a. C.), a raíz de la invasión de los llamados Pueblos del Mar, que originaron un cambio sustancial en la costa occidental de Asia y del Egeo.
El origen del dinero
Hoy día estamos viviendo el salto del uso del dinero físico a la digital, pero hubo un tiempo remoto en el que el salto fue otro: del trueque al dinero.
Pero, ¿cómo surge el dinero?
Aristóteles nos lo resume del siguiente modo: “Para los cambios convinieron entre sí [las diferentes comunidades] en dar y recibir algo tal que, siendo en sí mismo útil, fuera de un uso muy fácilmente manejable para la vida, como el hierro, la plata y cualquier otra cosa semejante. Al principio fue fijado simplemente en cuanto a su tamaño y peso; pero al final le imprimieron también una marca para evitar medirlos, pues la marca fue puesta como señal de su valor” (Política, 1257a.9).
A pesar de existir antecedentes, lo que hoy día se conoce como el dinero surge en el s. VII a. C. en varias zonas del mundo como China, India y Lidia. Este último lugar, ubicado en Anatolia, fue la que influenció a todo el Oriente del Mediterráneo, de donde lo recibieron los griegos. El concepto del dinero se expandió rápidamente gracias a la comunicación marítima y al comercio.

Reino de Lidia (s. VI a. C.)

Moneda de Sardes (c. 560 a. C.)

Dracma ateniense (s. V a. C.)
Cuando los galos saquearon Roma (390 a. C.), los romanos defendieron la colina Capitolina gracias a los gritos de alarma que unas ocas consagradas a Juno habían dado. El ataque final fue repelido, y de ahí en adelante, conscientes de la intervención divina, los romanos dieron a Juno el sobrenombre de Moneta, es decir, la ‘Avisadora’. Juno Moneta dio su nombre a la moneda porque a partir del siglo III a. C. la acuñación de monedas de plata se hacía en su templo y bajo su protección (Falcón, C. et al. (2019). Diccionario de mitología clásica, 452).

Denario romano con la efigie de Juno Moneta (46 a. C.)
Sin embargo, debemos pensar que la moneda no era de uso común más allá de las ciudades y grandes núcleos urbanos. En las sociedades preindustriales, donde la gran mayoría de la población era campesina, el trueque seguía siendo una de las formas más habituales para intercambiar bienes.
La apestosa camellería
¡La peste que conquistó un país!
En el año 547 a. C., en las llanuras de la ciudad de Sardes, se enfrentaron dos titanes del mundo antiguo en lo que la posteridad conocería como la Batalla de Timbrea.
Creso (595-546 a. C.), rey de Lidia, un reino que dominaba gran parte de la península anatólica, se interponía en el camino de la conquista total de Ciro II el Grande (c. 600-530 a. C.), rey de Persia.

Imperios del s. VI a. C.
Ciro, temeroso de la reputada caballería de su enemigo, utilizó una curiosa estratagema:
“En aquel tiempo no había en todo el Asia nación alguna más varonil ni esforzada que la lidia; y peleando a caballo con grandes lanzas, se distinguía en los combates por su destreza singular.
(…) En esta llanura, viendo Ciro a los lidios formando en orden de batalla y temiendo mucho a la caballería enemiga, se valió de cierto ardid que el medo Harpago le sugirió. Mandó reunir cuantos camellos servían al ejército cargados de víveres y bagajes, y quitándoles las cargas, hizo montar en ellos unos hombres vestidos con el mismo traje que suelen llevar los soldados de caballería. Dio orden para que estos camellos así prevenidos se pusiesen en las primeras filas delante de la caballería de Creso; que su infantería siguiese después y detrás de esta se formase toda su caballería.

Peregrinos de camino a la Meca - Léon Belly (1861)
(…) La razón que tuvo para poner los camellos al frente de la caballería enemiga fue saber que el caballo teme tanto al camello que no puede contenerse cuando ve su figura o percibe su olor. Por eso se valió de aquel ardid con la mira de inutilizar la caballería de Creso, que fundaba en ella su mayor confianza” (Heródoto, Historias, 1.79-80).

Derrota de Creso - Walter Hutchinson (1877)
Al parecer el sudor del camello asusta a aquellos caballos no muy habituados a su presencia, por lo que el ardid del medo Harpago funcionó, dando la victoria a Ciro.El gran rey dominaría así Anatolia, y todo gracias al mal olor de un pobre animal.

Creso inmolado en la pira (s. V a. C.) - Museo de Louvre, París
Jerjes I y los complots palaciegos
Según el cómic 300, la última voluntad de Leónidas era el de mostrar al mundo que hasta un dios como Jerjes podría sangrar. Eso mismo pensaría Artabano, su verdadero asesino.
En el año 465 a. C. era asesinado el emperador Jerjes I de Persia. Tenía unos cincuenta años, de los cuales había reinado durante veintiuno. Artabano, hijo de Artasiras, era el comandante de su guardia personal, de origen hircanio, región que se ubica en el sur y este del mar Caspio.

Mapa del imperio aqueménida (559-486 a. C.)
El desarrollo del magnicidio no es del todo claro, pues las fuentes (todas griegas) no están del todo de acuerdo. Aristóteles describe que el complot se lleva a cabo debido al miedo, puesto que “Artabano mató a Jerjes por el único temor de que llegara a conocimiento del rey que había mandado ahorcar a Darío, a pesar de haber recibido órdenes en sentido contrario. Pero Artabano había esperado inicialmente que Jerjes olvidara esta advertencia, que le había hecho en medio de un banquete” (Política, 5.1311b.14). No obstante, puede que esta versión esté trastocada para poder adecuarse a la temática del relato de Aristóteles, donde habla del miedo como causa de la agitación popular.

Sello cilíndrico de monarca persa asesinando a un hoplita griego. Posiblemente Jerjes matando a Leónidas (c. 500-475 a. C.) - Museo Metropolitano de Nueva York
Parece ser que Jerjes fue asesinado por Artabano, y que este, junto con otros conspiradores, culparon al primogénito del emperador: Darío. Artajerjes, su hermano, sin duda influenciado por los conjurados, mandó asesinar a su hermano y vengar así a su padre: “por el camino, Darío gritaba que era inocente del crimen que se le atribuía. Cuando llegó al palacio, fue ejecutado a pesar de sus protestas” (Ctesias de Cnido, Historia de los persas, 29; transmitida por Focio de Bizancio). El hermano mediano se encontraba en Bactriana, actual Afganistán y Tajikistán, y se cree que lideró una revuelta más tarde, aunque no está del todo claro.

Asesinato de Jerjes - Assassin's Creed: Odyssey (2018)
El resto lo dejo en palabras de Diodoro Sículo, quien lo explica mejor que yo: “Artabano, viendo que su traición había tenido éxito, se llevó consigo a sus hijos y, diciéndoles que había llegado el momento de apoderarse del trono, abatió a Artajerjes con su espada. Pero como Artajerjes sólo había recibido una herida leve, se puso en guardia y asestó él mismo un golpe mortal a Artabano. Artajerjes, milagrosamente salvado, sucedió a su padre tras castigar a su asesino. Tal fue el fin de Jerjes, tras un reinado de más de veinte años. Artajerjes, su sucesor, reinó durante cuarenta años” (Biblioteca histórica, 11.69).
Así terminó la vida de Jerjes, rey de reyes y gobernador del mundo. Otra pieza más que cae en el juego del poder.





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