CURIOSIDADES
Recetas de lentejas a la romana
¡Lentejas, o las tomas o las dejas!
Puede que sean el trauma de la infancia de muchos, aunque decía Plinio el Viejo (c. 20-79 d. C.) que las lentejas son excelentes para equilibrar el alma (Historia Natural, 18.31.123).
Aquí van unas cuantas recetas romanas para superar esos miedos del primer recetario de la historia (Marco Gavio Apicio, El arte de la cocina, 5.2.1-3, ss. I a. C. - I d. C.):
LENTEJAS CON TALLOS DE CARDO
Coges una olla adecuada. Pones dentro de un mortero pimienta, comino, semilla de cilantro, menta, ruda, poleo, y lo machacas. Vierte vinagre, añade miel, garum y vino cocido, lígalo con vinagre y vacíalo en la olla. Desmenuzas los cardos previamente cocidos con agua y luego los hierves. Cuando hayan hervido bien, lo ligas. En el mismo plato, antes de llevarlo a la mesa, aliñas las lentejas con aceite verde.

Garbanzos y rábano - Thermopolio, Ostia, Italia
LENTEJAS CON CASTAÑAS
Coges una olla nueva y pones castañas bien limpias. Añades agua y un poco de salitre y lo cueces. Cuando estén cocidas, pones en el mortero pimienta, comino, semilla de cilantro, menta, ruda, raíz de laserpicio, poleo y lo machacas todo. Vierte vinagre, miel y garum, lígalo con vinagre y viértelo sobre las castañas cocidas. Añades aceite y lo hierves. Cuando haya hervido bien, lo trituras. Pruébalo y, si falta algo, lo añades. Cuando esté en el plato, por aceite verde.

Pintura de comida variada (c. 70 a. C.) - Pompeya, Italia
UNA RECETA EXTRA
Las cueces. Cuando se hayan espumado, pon puerros y cilantro fresco. Machacas semillas de cilantro, poleo, raíz de laserpicio, menta y ruda. Viertes vinagre, añades miel y lo ligas con garum, vinagre y vino cocido, añades aceite y le das vueltas. Si faltara algo, lo pones. Lígalo con fécula, echa por encima aceite verde, pimienta y preséntalo.

Mosaico romano de un niño en una cocina (s. III d. C.)
¡Suerte con la búsqueda de los ingredientes y buen provecho!
La isla Tiberina de Roma
¡Un pequeño y desconocido rincón de Roma!
La isla Tiberina se encuentra en medio del Tíber a su paso por la ciudad de Roma. Una isla compuesta por roca volcánica, pero que los antiguos romanos no tardaron en mitificar de algún modo, pues su nombre procede de una antiquísima deidad fluvial.

Según la leyenda, la isla se había formado tras la expulsión del último rey, Tarquinio el Soberbio (509 a. C.). Se decía que la isla se erigió con los desechos de las cosechas de grano que se cultivaban en el campo de Marte.
Tenemos constancia de que, esta pequeña isla de 270 metros de largo y 67 metros de ancho en su parte más grande, tuvo cierta relevancia en medio de una terrible epidemia que asoló la región en el año 293 a. C.
Los romanos, habiendo consultado los Libros Sibilinos, decidieron enviar a un embajador a Epidauro, en Grecia, famosa ciudad por su vocación medicinal y sede del culto a Esculapio, dios griego de la medicina. En dicha ciudad, el oráculo había otorgado a los embajadores una serpiente, animal vinculado al dios, así como a la medicina. El trirreme regresó a Roma, donde atracó en el puerto fluvial que se hallaba en el Campo de Marte, llamado Navalia. La serpiente escapó, y nadó hasta la isla donde desapareció. De este modo, se le atribuyó al dios la acción del animal, por lo que comenzaron inmediatamente las obras para la construcción del templo al dios en la isla, que finalizarían en el año 289 a. C.
Este antiguo templo corresponde hoy en día con la iglesia de San Bartolomeo (construida en el 998 d. C.). Se cree que el pozo medieval que se encuentra en la zona sería en su día el estanque sagrado que se hallaría en el lugar.

Iglesia de San Bartolomeo (s. X d. C.) - Isla Tiberina, Roma
En la punta oriental de la isla se encuentra una construcción en forma de proa de trirreme, en alusión a la forma de barco de la isla, así como al navío de guerra en el que fue traída la serpiente sagrada desde Grecia.


Reconstrucción de un trirreme romano del s. I a. C.
También fueron construidos en la zona septentrional de la isla, en el año 194 a. C., otros dos santuarios menores en la antigüedad, dedicados a Fauno y a Veiove, dos deidades locales.
La isla está conectada al campo de Marte por el puente Fabricio. Según Dión Casio (Historia romana, 37.45.3), construido en el año 62 a. C., y el puente del lado sur, parcialmente demolido hoy día, se llama puente Cestio, y fue construido para unir la zona de Trastevere en el año 44 a. C.
A pesar de ser un lugar pequeño, esta isla encierra muchos secretos que no podéis perderos si viajáis a Roma.
Silfio, la planta milagrosa
¡El laserpicio: una planta extinta en la antigüedad!
En la actual Shahhat, Libia, se fundó en el año 632 a. C. la ciudad de Cirene. Allí marcharon los habitantes de Tera, actual Santorini (Grecia), bajo el mando de un tal Aristóteles, que sería conocido posteriormente como Bato (Heródoto, Historias, 4.150-168).


La zona era muy fértil, por lo que la ciudad no tardó en prosperar en la región, sin embargo, su mayor éxito no fue el trigo o la cebada, sino una extraña planta de la región: Silfio (Σίλφιον) o Laserpicio (laserpicium).

Ruinas de Cirene - Shahhat, Libia
Se trataba esta de una planta del género Ferula, ya extinta, que tenía multitud de funciones en la gastronomía y la medicina.


Representación del Silfio - Magas de Cirene (276-250 a. C.)
Ferula tingitana - Planta que se cree de la misma familia que el Silfio
Marco Gavio Apicio (25 a. C. – 37 d. C.), cocinero y escritor romano, lo utiliza en numerosísimas recetas. Un ejemplo de cómo cocinar una liebre: “Cuando haya que sacarla, mueles pimienta, dátil, laserpicio, pasas, vino dulce reducido, garum y aceite. Lo viertes y, cuando haya hervido, espolvoreas pimienta y lo sirves” (El arte de la cocina, 8.8.2).

Vasija espartana donde se muestra a Arcesilao II de Cirene (c. 580-550 a. C.) manufacturando y embarcando el silfio
Sin embargo, el abuso de esta planta la llevó a su desaparición en Libia. Plinio el Viejo (23-79 d. C.) nos describe el incalculable valor de aquella planta ya extinta en su época:
“A continuación hablaremos del laserpicio, una planta muy famosa, que los griegos llaman silfio, y que se produce en la provincia de Cirenaica. El zumo se llama láser; está en boga para diversos usos así como para la farmacia, y se vende al peso.
Desde hace varios años ha desaparecido de Cirenaica, porque los ganaderos dejan pastar sus rebaños en la localidad de donde procede esta planta, encontrando allí un mayor beneficio. En nuestra época, sólo se ha encontrado un tallo de ella, que fue enviado al emperador Nerón.
Si una bestia se encuentra con un tallo naciente, puede reconocerse por este signo: después de comerlo, la oveja se duerme inmediatamente y la cabra estornuda. Desde hace mucho tiempo, no se nos ha traído otro láser que el que crece abundantemente en Persia, o en Media, o en Armenia; pero es muy inferior al de Cirenaica; e incluso entonces, es mezclado con goma de lentisco o pasta de alubias.
Por esta razón no podemos omitir que, bajo el consulado de C. Valerio y M. Herenio [año 93 a. C.] se trajeron a Roma treinta libras de laserpicio de Cirene [unos 10 kilos], y se entregaron al Estado; y que al principio de la guerra civil [año 49 a. C.] el dictador César sacó del tesoro público, entre oro y plata, mil quinientas libras de laserpicio [unos 500 kilos]” (Historia natural, 19.15.1).
Un ejemplo de cómo la sobreexplotación humana no es nada nuevo.
Las juergas de Nerón

¡Hoy toca fiesta al estilo emperador!
No obstante, ni las juergas del temible Alex DeLarge superan a las del emperador Nerón, cuyo nombre por algo significaba en lengua sabina fuerte y valiente (Suetonio, Vida de los doce césares, 3.2.1).
Nerón Claudio César Augusto Germánico (37-68 d. C.) era, sin duda, temible en el ocio. Al emperador le gustaba demasiado la fiesta, pero, por culpa de lo que consideraba un aburrido ambiente en palacio, solía disfrazarse y mezclarse con la población local en las callejuelas más peligrosas de Roma.
Reconstrucción moderna del busto

Busto de Nerón - Museo Capitolino, Roma
Esto es lo que nos cuenta Cayo Suetonio Tranquilo (c. 70-130 d. C.), historiador y biógrafo nacido en Numidia:
"En cuanto anochecía, tocado con un gorro o un casquete, penetraba en las tabernas y vagaba por los barrios divirtiéndose, pero no sin causar daño, pues tenía por costumbre golpear a las personas que volvían de alguna comida, herirlas y arrojarlas a las cloacas si ofrecían resistencia, e incluso romper las puertas de las tiendas y saquearlas.
Había instalado en su palacio una cantina donde se liquidaba el producto del botín obtenido y, posteriormente, se subastaba en lotes.
A menudo, en peleas de este tipo, corrió peligro de perder los ojos y aun la vida, pues un personaje de rango senatorial estuvo un día a punto de matarle a golpes por haberse propasado con su mujer.
Por este motivo, no volvió a arriesgarse a recorrer las calles a semejantes horas sin hacerse seguir de lejos y discretamente por unos tribunos" (Suetonio, Vida de los doce césares, 6.26.1).
Nerón era una buena pieza, y nos recuerda con su ejemplo eso de: “pásalo bien, sin pasarte”.

Noche en la Suburra - Miɫek Jakubiec (2015)
El titánico Circo Máximo
¡La mayor construcción romana!
Todo el mundo conoce el Coliseo, pero el mayor edificio de Roma no fue este, sino el Circo Máximo.
Servía como centro lúdico para gladiadores, y, principalmente, eventos de equitación.

Fotograma Ben-Hur (1959)
El Circo Máximo era mucho más grande que los otros hipódromos de Roma, el Circo Flaminio y el Circo de Nerón cerca de la Colina Vaticana, aunque previo a Augusto no comprendía mucho más que los terraplenes y la pista (dimensiones exteriores 620 x 140 m).
Solo gracias a las obras de ampliación y embellecimiento llevadas a cabo por diversos emperadores se convirtió en uno de los edificios más soberbios de la ciudad.
Si en la segunda mitad del siglo I d.C. albergaba probablemente a 150.000 espectadores, tras los incendios y las obras de ampliación llevadas a cabo por Domiciano y Trajano, que añadieron gradas adicionales, pudo llegar a albergar a más de 300.000 espectadores, lo que equivaldría a cuatro estadios Maracanã.

Representación moderna del Circo Máximo - Jean-Claude Golvin
Un sestercio de la época puede darnos una idea del aspecto de este grandioso edificio, hoy casi completamente destruido, y visualizar así la razón por la que Dionisio de Halicarnaso lo contaba entre los edificios más bellos de la ciudad (Historia antigua de Roma, 3.68).

Sestercio de Trajano conmemorando la reconstrucción del Circo (103 d. C.) - Altem Museum, Berlin
En 357 d. C., el emperador Constancio II, de visita en Roma, trajo de Tebas como regalo un obelisco de más de 32 metros de altura y 455 toneladas de peso (hoy frente a la iglesia de San Juan de Letrán) y lo hizo colocar en el espinazo del Circo, junto al obelisco de Augusto y otras maravillas, que su padre Constantino no había podido retirar y hacer transportar a Constantinopla.
El Circo estaba situado justo debajo del palacio imperial, por lo que el emperador podía ver los juegos no solo desde su palco, situada en medio del público, sino también desde su palacio, demostrando así, con gran astucia política, que compartía el entretenimiento con el pueblo.
Sin duda sus espectáculos debían dejar sin aliento a los espectadores, a pesar de que hoy solo contemos con el hueco que dejó en Roma.

¿Eran siete las maravillas?
¿Había más de siete maravillas en el mundo antiguo?

Reconstrucción de las pirámides de Giza - Assassin's Creed Origins (2015)
Vamos a desmontar un mito muy común de la historia antigua, y, para ello, comenzaremos con el siguiente texto:
“Cada una de las Siete Maravillas del Mundo es bien conocida de todos por su fama, pero pocos las han visto en persona, pues hay que viajar a Persia, navegar por el Éufrates, ir a Egipto, residir entre los eleos en Grecia, marchar a Halicarnaso en Caria, ponerse rumbo a Rodas y visitar Éfeso en Jonia. Aquel que deambule por el mundo y quede desfallecido por las fatigas del viaje, solo vería satisfecho su deseo cuando hubiera pasado ya lo mejor de su vida a través de los años” (Filón de Bizancio, Sobre las Siete Maravillas del Mundo, 2.1-5).
Con estas palabras el autor Filón de Bizancio (c. 200 a. C.) trata de adentrarnos en las Maravillas del mundo antiguo. Puede que tengamos oídos algunos de ellos, pero, ¿cuáles eran?
La lista más conocida en la actualidad tendría en ella a los siguientes siete monumentos:
1. Templo de Zeus en Olimpia.
2. Templo de Ártemis en Éfeso.
3. Mausoleo de Halicarnaso.
4. Coloso de Rodas.
5. Jardines colgantes de Babilonia.
6. Faro de Alejandría.
7. Pirámides de Giza.
No obstante, esta lista no era tal en la antigüedad.
La primera mención a los monumentos se la debemos al texto conocido como 'Laterculi Alexandrini' (s. II a. C.), donde, en el interior de un sarcófago egipcio aparece una lista de siete monumentos de los cuales solo se conservan tres: el Artemisio de Éfeso, las pirámides de Giza, y el Mausoleo de Halicarnaso.
Sin embargo, la primera lista completa procede de Antípatro de Sidón (s. II a. C.), donde menciona los templos de Olimpia y Éfeso, el Coloso, las pirámides, el Mausoleo, los jardines, y, una nueva incorporación: las murallas de Babilonia, las cuales eran tan anchas que incluso eran capaces de circular carros.
La primera vez que el término 'maravilla' se registra en este sentido es en Aulo Gelio (123-165 d. C.), aunque haciendo referencia al autor latino Marco Terencio Varrón (116-27 a. C.), quien los describió como las 'septem opera in orbe terrae miranda', es decir, las siete obras que deben ser admiradas en el mundo (Aulo Gelio, Noches áticas, 3.10.16).
Tras Varrón, innumerables autores trataron esta temática, como pueden ser Diodoro Sículo y Sexto Propercio (s. I a. C.); Estrabón, Pomponio Mela, Séneca y Marcial (s. I d. C.); o Curcio Rufo y el propio Aulo Gelio (s. II d. C.), entre otros muchos.
Estos autores añaden o quitan un elemento a la lista, como las siguientes maravillas:
1. Un enorme obelisco en Babilonia.
2. El Faro de Alejandría.
3. Un descomunal laberinto en Egipto que sirvió de modelo al de Creta.
4. Un templo dedicado a Zeus en Cícico (Asia Menor).
5. La ciudad de Tebas (Egipto), con sus cien puertas y una red de túneles.
6. Un gigantesco puente construido en el Éufrates.
7. El palacio del rey Ciro en Ecbatana (Persia), de piedras de distintos colores y que tenía juntas de oro.
8. El Anfiteatro Flavio en Roma, es decir, el Coliseo.
9. La propia ciudad de Roma, considerada una maravilla.
Entre el final de la antigüedad y el inicio del medievo esta lista se amplió:
1. La estatua de Belerofonte en Esmirna (Asia Menor), que al estar imantada levitaba.
2. Las murallas de Tebas (Grecia) con sus siete puertas.
3. El Capitolio de Roma.
4. El teatro de Heraclea (Italia).
5. La Atenea de Fidias (Atenas).
6. Las Memnoneas, titánicas estatuas del faraón Amenofis III (1403-1365 a. C.).
7. El puerto de Cartago.
Reconstrucción del templo de Ártemis en Éfeso


Coloso de Rodas - Marten van Heemskerck (1498-1574)

Zeus Olímpico - Quatremère de Quincy (1815)

Puerto de Cartago
La lista sigue en la Edad Media hasta alcanzar las 30 maravillas, sin embargo, tiempo ha que estas habían desaparecido del mundo, por lo que su recuerdo se inflama por la pasión de quienes nos narran tales proezas.
Pero, como dijo el poeta romano Sexto Propercio (s. I a. C.):
“Sus glorias se las lleva el tiempo o la lluvia, o se precipitan vencidos por su propio peso con el golpe de los años. Pero el nombre adquirido por ingenio no desaparece por causa del tiempo: para el ingenio la gloria permanece sin muerte” (Elegías, 3.2.19-26).
La imagen de César en Assasin's Creed
Actuamos en las sombras para servir a la luz.
La sombra del asesinato de Cayo Julio César es muy larga, tanto, que la empresa gala Ubisoft (ironías de la vida) la reflejó en su videojuego Assassin's Creed Origins (2017). Un título que, a pesar de ser sobresaliente, deja mucho que desear a nivel histórico.

La parte final del juego recrea el asesinato de César de un modo muy precipitado y torpe, más por la necesidad de mostrar el magnicidio que por la conclusión de un guion bien elaborado.
La protagonista de la acción, Aya, una habilidosa asesina egipcia, de algún modo se adentra en una sesión senatorial disfrazada como un senador más, lo que resulta bastante inverosímil de base. Aunque no es grave por ser un videojuego de acción.
Se nos brinda la oportunidad de dar la primera puñalada, pero si somos pacientes y esperamos se produce una conversación muy interesante en lo que es un discurso lleno de interrupciones por senadores que parecen muy hostiles.

La primera idea lanzada es la de la intención de César de llegar a coronarse rey. Esta era una preocupación muy factible, pues César adquirió la magistratura de dictador vitalicio en febrero de ese mismo año (44 a. C.). En ese mismo mes, ocurre el incidente de las fiestas Lupercales, unas fiestas muy vinculadas con la fundación de Roma y, por ende, con el linaje de César (que provenía de Eneas). Allí Marco Antonio colocó una tiara, símbolo de la realeza, en la cabeza del político, que la rechaza frente a la plebe (Cicerón, Filípicas, 2.85-87). Es más que probable que este episodio fuera una farsa.
También se menciona la repartición de tierras de los privilegiados, defendida por lo que parece un heredero de los hermanos Graco. Parece que el dictador se opone a esas reparticiones, pero César sería el continuador de lo que los Graco desarrollaron, puesto que fue él quien pudo repartir tierras entre los ciudadanos romanos de un modo efectivo. En septiembre del año 46 a. C., tras regresar de su campaña en África, César licenció a todas sus legiones gálicas, lo que supondrían unos 20.000 veteranos contando las bajas. Estos soldados recibieron tierras donde asentarse, así como permiso para marchar a las nuevas colonias que se establecían como lo eran Cartago o Corinto, arrasadas en el año 146 a. C. (Suetonio, Vida de los doce césares, 42.1).
Por último, cabe destacar la ligereza con la que se utilizan términos como "pueblo" o "ciudadano", que el videojuego trata como sinónimos. Es algo habitual en producciones del género, pero debemos recordar que la ciudadanía era un privilegio en el mundo antiguo, no otorgada por nacer. En este período Roma estaba dividida en dos grandes grupos ciudadanos: plebeyos y patricios. El grueso político de la ciudad eran los plebeyos, aunque sus poderes públicos estaban limitados por los patricios, familias de origen aristocrática que controlaban el devenir de la ciudad.
En definitiva, Assassin’s Creed: Origins es un gran juego, pero sus aspectos históricos no son lo mejor del producto.
La mala suerte del dramaturgo Esquilo
En la ciudad ática de Eleusis, cerca del año 525 a. C. nacía Esquilo, gran dramaturgo griego. Al tener la ciudadanía ateniense, sabemos que combatió en Maratón (490 a. C.), así como en Salamina y Platea (480-479 a. C.).
Su vida fue controvertida, especialmente con la publicación de su tragedia ‘Los persas’, estrenada solamente 7 años después del fin de la Segunda Guerra Médica.

Busto moderno de Esquilo - Atenas
Sin embargo, hoy nos interesa su final.
La Suda, una enciclopedia bizantina del s. X d. C., recoge lo siguiente: “Huido a Sicilia porque se había derrumbado el entablado mientras representaba una obra, murió a la edad de sesenta y ocho años” (357 Adler).
El texto continúa en una de las leyendas más famosas de la antigüedad.
Muchos autores narran el hecho en épocas muy diversas, pero todos coinciden en la causa de la muerte, cuyo desenlace había predicho un oráculo.
Esquilo se encontraba en el campo siciliano, gozando de la brisa marina en su alopécica cabeza. La luz emitida por el sol se reflejaba en la testa del hombre, confundiéndose desde los cielos con las rocas del entorno.

Gypaetus barbatus o 'Quebrantahuesos'
Posiblemente un ‘Gypaetus barbatus’, más conocido como el ‘Quebrantahuesos’, surcaba el cielo a la espera de disfrutar de su presa. Sin embargo, el duro caparazón de la tortuga hacía imposible para el ave de llegar a la preciada carne del interior. Pero ahí estaba nuestro querido Esquilo, con su brillante cabeza. El animal lanzó a la presa con tan mala suerte que impactó en la calva del hombre, matándolo de esta forma tan inusual.
De este modo terminó la vida de tan ilustre persona, en una historia, que, a pesar de probablemente tratarse un mito, fue muy extendida en época clásica.
Adjunto los textos que mencionan este insólito hecho.
Anónimo, posible gramático Cameleonte (s. III a. C.): “Muy estimado tanto por el tirano Hierón como por los habitantes de Gela, vivió aún dos años más, y murió anciano, de la siguiente manera. Un águila, que había capturado una tortuga, como no tenía fuerzas suficientes para hacerse con la presa, la suelta contra unas rocas para aplastarle el caparazón; pero ella fue a caer sobre el poeta, y lo mató. Un oráculo había vaticinado ‘un dardo venido del cielo te matará’” (Vida de Esquilo, 1.35-39).
Valerio Máximo (s. I d. C.): “La muerte del poeta Esquilo, si bien no fue voluntaria, merece ser contada por lo insólito del caso. Un día salió de las murallas de la ciudad en la que vivía, en Sicilia, y se sentó en un lugar a tomar el sol. Un águila que volaba por encima de él llevando una tortuga quedó deslumbrada por el reflejo de su cabeza (por aquel entonces ya estaba totalmente calvo) y, tomándola por una piedra, estrelló contra ella la tortuga, para, una vez rota, poder comerse su carne. Por culpa de este golpe murió el que dio origen y principio al género trágico” (Dichos y hechos memorables, 46.1).
Plinio el Viejo (s. I d. C.): “Esta circunstancia acabó con la vida del poeta Esquilo, que, según dicen, intentaba protegerse a cielo abierto de un derrumbamiento predicho para ese día” (Historia natural, 10.7).
Claudio Eliano (ss. I-II d. C.): “Las tortugas terrestres las águilas las capturan y luego desde lo alto las estrellan contra las rocas; de este modo les rompen el caparazón, extraen la carne y se la comen. Es así precisamente como tengo entendido que el poeta trágico Esquilo de Eleusis acabó su vida. También Esquilo estaba sentado sobre unas rocas, sin duda meditando y escribiendo lo que acostumbraba. Pero tenía la cabeza sin pelo y desnuda. Pues bien, el águila, creyendo que su cabeza era una roca, he aquí que arrojó contra ella una tortuga que tenía agarrada, acertó al susodicho el proyectil, y mató a nuestro hombre” (Sobre la naturaleza de los animales, 7.16).

Esquilo - Otto van Veen (1612)
El toro de Falaris
Cerca del año 570 a. C., un desconocido personaje llamado Falaris se convertiría en tirano de Agrigento, en Sicilia. Este individuo pasaría a la historia como el perfecto ejemplo de tirano, como es recogido por Aristóteles (Retórica, 2.20.9), o por autores mucho más tardíos como Taciano (s. II d. C.), que asegura que practicaba el canibalismo con niños lactantes (Discurso a los griegos, 34).


Templo de la Concordia - Agrigento, Sicilia
Sin embargo, aquello que lo hizo pasar a la posteridad fue uno de los artilugios más oscuros que ha conocido la antigüedad: el toro de Falaris.
Dejemos que Diodoro Sículo (s. I a. C.) nos describa la historia en detalle:
«El escultor Perilao construyó un toro de bronce para el tirano Falaris, para que este castigara a su propio pueblo. (…) Este [Perilao], una vez que hubo realizado en bronce el ingenioso artefacto del toro, instaló unas pequeñas flautas en las ventanillas de la nariz del animal, abrió una puerta en el costado del toro, y lo llevó como regalo a Falaris. Falaris acogió al hombre que acudía con regalos y ordenó que aquel ingenioso artefacto fuera consagrado a los dioses. Luego, tras abrir el costado, aquel artífice explicó el perverso engaño de esta forma inhumana: ‘Si quieres, Falaris, castigar a algún hombre, enciérralo dentro de este toro y coloca un fuego debajo; con los gemidos del hombre parecerá que el toro muge y tú experimentarás placer oyéndolo a través de las cañas de las fosas nasales’. Tan pronto como Falaris supo aquello, sintió aversión por el autor del artefacto y dijo: ‘Ea, pues, Perilao, sé tú el primero en hacer una demostración del ingenio y haz una imitación de quienes tocarán la flauta, y así me darás una clara prueba de tu destreza’. Y luego que Perilao se introdujo en el toro para efectuar una imitación, según creía, del sonido de las flautas, Falaris mandó cerrar el toro y amontonar fuego debajo. Y para que al morir no profanara la obra de bronce, lo hizo salir, medio muerto, y lo precipitó desde lo alto de un peñasco» (Biblioteca histórica, 9.18-19).

Falaris torturando a Perilao - Pierre Woeiriot (1562)
Tal fama adquirió el artefacto que, en algún punto de la dominación cartaginesa de Sicilia, fue trasladada a la gran ciudad púnica. No obstante, el instrumento volvió a su tierra tras la caída de Cartago (146 a. C.):
«Escipión, reunió a todos los sicilianos. Sabía que durante mucho tiempo y en varias ocasiones su país había sido devastado por los cartagineses: ordenó que se hicieran las búsquedas más exactas, y prometió poner todo su empeño en devolver a cada ciudad lo que le había pertenecido. Entonces, las estatuas de Himera, (…) fueron llevadas de vuelta a sus habitantes. Gela y Agrigento, recuperaron lo que habían perdido, entre otras obras maestras, este toro, instrumento demasiado famoso de la venganza de Falaris» (Cicerón, Verrinas, 2.4.33).
Tras esto, el instrumento se pierde en la historia, y, a pesar de haber sido utilizado posteriormente, como en el martirio de San Eustaquio (118 d. C.), no sabemos si se trataba de la misma pieza o de otra.
Podréis aterrorizaros con este insólito instrumento y mucho más en mi segunda novela, EN TIERRA DE TIRANOS, ya disponible AQUÍ.

Tito Pullo y Lucio Voreno
¡Decimoterceraaaa!
En el año 2005 se estrenó la que considero la mejor serie histórica de las que he visto: Roma, de HBO.
Esta serie se ambienta en los inicios de la segunda guerra civil romana (49-45 a. C.) y se desarrolla en dos temporadas hasta el inicio del Principado de Augusto (27 a. C.).
Su contexto histórico nos muestra una de las épocas más convulsas de la historia romana, y, a pesar de no estar exenta de errores históricos, considero que la serie nos recrea una Roma nunca antes vista.
Entre los muchos personajes de la serie nos centraremos en dos de sus protagonistas: Lucio Voreno y Tito Pullo, dos soldados al servicio de César que se verán involucrados en muchos de los principales sucesos de su tiempo.
Pero, ¿existieron estos personajes?, ¿quiénes eran?
El propio César habla de ellos:
“En esta legión [la IX] había dos centuriones, hombres de gran valor y que ya se acercaban a los rangos más altos, T. Pullo y L. Voreno. Entre ellos existía una rivalidad constante, y cada año se disputaban el rango con un ardor que degeneraba en odio.

Mientras luchaban obstinadamente cerca de las murallas, Pullo dijo: ‘¿A qué esperas, Voreno? ¿Qué mejor oportunidad para demostrar tu valor? He aquí el día que debe decidir entre nosotros’. Al pronunciar estas palabras, abandonó las trincheras y se precipitó hacia la parte más espesa del cuerpo a cuerpo. Voreno no pudo contenerse y, temiendo la opinión general, le siguió de cerca.
Cuando se acercó al enemigo, Pullo lanzó su jabalina y atravesó a uno de los que avanzaban hacia él en tropel; lo hirió de muerte: inmediatamente cubrieron el cadáver con sus escudos, dirigieron todos sus disparos contra Pullo y le cortaron la retirada. Un aguijonazo atravesó su escudo y se hundió en su hombrera. El mismo golpe desvía la vaina e impide que su mano derecha desenvaine la espada: así, avergonzados, los enemigos le rodean. Voreno, su rival, corre a defenderle de este peligro. Los bárbaros se vuelven inmediatamente contra él, abandonando a Pullo, al que creen fuera de combate. Voreno, espada en mano, se defendió en medio de ellos, mató a uno y comenzó a hacer retroceder a los demás. Pero llevado por su ardor, chocó contra un hueco y cayó. Pullo acudió a su vez a liberarlo; y ambos, ilesos y habiendo matado a varios enemigos, regresaron al campamento cubiertos de gloria.

En esta batalla, la fortuna equilibró su éxito, cada uno de ellos defendió y salvó a su rival, y no se pudo decidir quién había ganado en valor” (Guerra de las Galias, 5.44).
Voreno desaparece de la historia, no así su compañero Pullo, que, esta vez en el contexto de la guerra contra Pompeyo, es capturado por los pompeyanos cuando servía en la legión cesariana XXI Victrix Rapax. Cambiará de bando y defenderá con valor un campamento pompeyano (Dion Casio, Historia romana, 41.40; César, Guerra civil, 3.67).

Lo mostrado en la serie de HBO difiere mucho de estas breves menciones de los personajes, pero, pese a ello, siguen siendo dos individuos que congenian muy bien en pantalla.

Las aves del palacio de Livia
Hoy saco a relucir unos restos que tuve el privilegio de disfrutar y que adquieren un fuerte valor para mí. Se trata de uno de los cúlmenes de la pintura romana: el viridarium de Livia.
Livia Drusila, esposa del emperador Augusto, tenía una suntuosa villa en la zona norte de Roma, la conocida como ‘Primaporta’. Allí la familia imperial gozaba de su tiempo libre para desconectar de los asuntos de estado, y, para ello, se habían rodeado de todo tipo de lujos. Uno de los más memorables es el viridarium: una sala con pinturas al fresco que simulan un gran jardín lleno de árboles y pájaros.

Tocador de una dama romana - Juan Jiménez Martín (1875)
Los restos de la sala se encuentran hoy día en el Palazzo Massimo alle Terme, propiedad del Museo Nacional Romano. No obstante, los frescos fueron descubiertos el 30 de abril de 1863, y tras restaurarse en 1951, se trasladaron a su lugar actual.


Recreación de la época del descubrimiento de la sala
Restos actuales de la villa
Los frescos, fechados entre el 30 y el 20 a. C., se encuentran entre los ejemplos mejor conservados de pintura mural romana, además de ser de los más intactos. Decoraban una habitación del sótano, que recibía la luz de una pequeña claraboya situada en uno de los lunetos sobre los muros cortos. Los frescos se han conservado tan bien debido a que el pintor los pintó sobre un enlucido aplicado sobre baldosas que en realidad estaban desprendidas de la pared y, por tanto, permanecían protegidas gracias a una cavidad, de modo que la humedad no les afectaba.
Nos muestra un jardín muy variado, con 23 tipos de árboles tanto frutales como decorativos, así como 69 tipos de pájaros, lo que muestra el cariño con lo que se realizó dicha obra. Un lugar idóneo para relajarse, que sigue fascinando hoy en día.
Fariña, in memoriam.




Los Padres Fundadores y la antigüedad
Tras el final de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América (1783), 55 representantes de las 13 colonias originales se reunieron en Filadelfia, Pensilvania, el 17 de septiembre de 1787. Nacía así la Constitución federal más antigua que sigue vigente a día de hoy. ¿Qué tiene que ver esto con el mundo antiguo?

Washington en la Convención Constitucional de 1787 - Julius Brutus Stearns (1856)
Según el erudito estadounidense Charles Astor Bristed (1820-1874), hubo una propuesta para que la constitución se redactara en griego, desvinculando a la nueva nación de la lengua de la metrópoli. Sin duda hubiera sido algo poco práctico, pero esta elección no se dio por casualidad.
De los 55 representantes, 30 tenían estudios universitarios, algo inusual en la época. En aquel período se hacía un especial énfasis en las enseñanzas del mundo clásico, lo que puede documentarse en la numerosa correspondencia entre estos individuos, plagadas de referencias clásicas.

Fachada de la Universidad de Virginia
Cuando el futuro secretario del tesoro Alexander Hamilton ingresó en 1773 en la King’s College (actual Universidad de Columbia), dominaba la gramática latina y griega, leyendo a Cicerón y Virgilio en su lengua original y traduciendo los primeros diez capítulos del Evangelio de San Juan del griego al latín. Benjamin Franklin era comparado con Prometeo, Solón o Sócrates, y George Washington se hacía llamar Catón en su correspondencia, por ser admirador del Censor por su integridad.
En el momento en el que el futuro 4º presidente, James Madison, ingresó en 1769 en la College de New Jersey (posterior Princeton) se contaba con que pudiese escribir prosa latina, traducir a Virgilio, Cicerón y los evangelios griegos y tener un conocimiento acorde de la gramática latina y griega.
Los paralelismos son obvios, como la fachada de la Universidad de Virginia o la propia Casa Blanca, de influencia clásica. Muchas ciudades comparten nombre con Atenas, Roma, Cartago o Útica, entre otros, como monolitos de los ecos del clasicismo en un nuevo continente para los europeos.

Fachadas norte y sur de la Casa Blanca
La medición del tiempo
¿Cómo hacían los antiguos para saber a qué hora se habían reunido? ¿Cómo dividían los meses y días? Veamos unos ejemplos:
La medición de los días dependía del período del año y de las horas de luz disponibles. Se dividían en doce horas diurnas, más largas en verano que en invierno, lo que generaba muchos quebraderos de cabeza.
La medición del tiempo se realizaba mediante relojes solares y, en caso de falta de luz o lluvia, mediante las denominadas clepsidras o relojes de agua (Schneider [2009], La técnica en el mundo antiguo, pp. 160-161).


Reloj solar
Clepsidra o reloj de agua
En cuanto a los meses, no existía un cómputo igual en época helenística. Cada reino o incluso ciudad seguía su propia forma de medición, hasta el punto de que varios se solapaban entre sí.
Los babilonios tenían un sistema propio, el conocido como calendario caldeo, de una antiquísima tradición y muy sofisticado. Este se basaba en un calendario lunar de doce meses de veintinueve a treinta días, cuya tradición ha llegado hasta nuestro tiempo.
Por otro lado, el sistema egipcio era lunisolar, por lo que utilizaba un calendario ceremonial lunar y uno civil solar.
La tradición griega difiere entre las distintas poleis, con la predominación del sistema ateniense. El calendario ateniense se basaba en las estaciones y, por lo tanto, en el sol.
El calendario romano es el que hemos heredado los pueblos occidentales, conservando su distribución en la actualidad (Hannah [2005], Greek and Roman Calendars. Constructions of Time in the Classical World, pp. 42, 83-85, 98).
Con la medición de los años sucede lo mismo: cada zona geográfica tenía la suya propia. Sin embargo, la medición tradicional griega es la más extendida por todo el Mediterráneo.
Los griegos se basarían en la primera olimpiada (776 a. C.). Medían el tiempo en un ciclo de cuatro años, que era el período que transcurría entre cada evento. Así pues, el segundo año de la centésima sexagésima olimpiada sería el año 138 a. C.
Del mismo modo, el año romano se computaría a partir de la fundación mítica de la ciudad (753 a. C.), por lo que el año 615 desde la fundación de Roma equivaldría al año 138 a. C.
La etimología detrás del 'idiota'
Un adjetivo usado más de lo que nos gustaría admitir en nuestra vida diaria.
Sin embargo, el término proviene del griego.
Idiota (Ἰδιώτης).
Designaba en la Grecia clásica a aquellos ciudadanos que no tenían ningún cargo oficial ni eran oradores habituales en la asamblea (ekklesia; ἐκκλησία).
Venía a expresar la oposición existente entre los ciudadanos ordinarios y los políticos y oradores profesionales.

“Veis, pues -continué-, que no nos equivocábamos al decir que los elementos que componen al filósofo natural, cuando se echan a perder por una mala educación, le hacen alejarse de su vocación, y también lo que llamamos bienes, riquezas y otras ventajas de este género. No, no nos equivocamos. Esta, oh maravilloso amigo, es toda la extensión de la corrupción que pierde las mejores naturalezas, hechas para la mejor de las profesiones, y por lo demás tan raras, como hemos notado.
De tales hombres [los idiotas] proceden los que más daño causan a las ciudades y a los individuos, y los que más bien les hacen cuando siguen el camino recto; pero una naturaleza mediocre nunca hace nada grande en favor o en perjuicio de nadie, ya sea un individuo o una ciudad. Nada más lejos de la verdad.
Por lo tanto, estos hombres, nacidos para la filosofía, habiéndose alejado de ella y habiéndola dejado sola e infructuosa para llevar una vida contraria a su naturaleza y a la verdad, otros, indignos [los sofistas, también considerados idiotas], se presentan a esta huérfana abandonada por sus parientes, la deshonran y atraen sobre ella los reproches con los que dices que la acusan sus detractores: a saber, que de los que tienen trato con ella algunos no sirven para nada y la mayoría merecen los mayores males” (Platón, República, 6.495a-c).
En sentido literal, el término designaba a aquel individuo particular preocupado solamente por sus propios intereses, en abierto contraste con el ciudadano implicado por completo en la actividad pública y política.
Por ello, podía tener, ocasionalmente, ciertas connotaciones peyorativas que implicaban el desinterés manifiesto por los asuntos públicos.
La historia de Combabo
Al oír la triste historia del s. XV de Marina Alfonso, de Ciudad Rodrigo, recordé un pasaje de Luciano de Samosata (Sobre la diosa siria, 19-21).
Ruinas de Hierápolis, Siria


En algún momento del reinado de Antíoco I Sóter (281-261 a. C.), el monarca decidió construir un templo en Hierápolis, en Siria. La historia está recogida en mi novela REBELIÓN EN SICILIA, pp. 274-275, que puedes comprar AQUÍ, y dice así:
—Malek, ¿conoces la historia de Combabo?
El joven quedó pensativo. Creía recordar haberla oído de la boca de algún sacerdote, pero si la historia del fundador del templo hacía que Sawra hablara, valía la pena escucharla de nuevo.
—Refréscame la memoria —dijo mirándole con una sonrisa conciliadora.
—Hace mucho tiempo, la reina Estratonice tuvo un sueño en el que Atargatis le mostró dónde debía construir un templo para honrarla, en lo que era la antigua Bambice, actual Hierápolis. La reina pidió permiso a su esposo, y este le concedió hombres y recursos para que llevara a cabo la divina tarea. Entre esos hombres, se encontraba uno de los mejores amigos del rey, Combabo, que era conocido por su belleza y su agudeza. El joven conocía el temperamento fogoso de la reina, por lo que la tarea que le fue conferida le provocaba un gran pesar. Antes de partir, Combabo entregó al rey una caja sellada e hizo prometerle que solamente la abriría tras su vuelta.
» Tres años transcurrieron hasta que finalizaron las obras del templo y, como el joven temía, la reina se encaprichó de él durante ese período. Al no atreverse a expresarle su amor, la soberana se embriagó con la intención de que la tarea le fuera más fácil. Tras declararse, y ante la negativa de Combabo, Estratonice amenazó con lesionarse.
» El joven, temeroso por el bienestar de su reina, le reveló algo por lo que Estratonice perdería el interés por él. Combabo, temiendo lo que ocurriría y para evitar ofender a su rey, se había castrado antes de su partida y había guardado su miembro en una caja, entre incienso, mirra y miel. El rey, una vez comprobado el contenido de la caja tras el regreso de la expedición, premió a su amigo por su fidelidad.
La joven permaneció en silencio, a la espera de alguna respuesta de su amigo.
—Una triste historia sobre cómo los deseos de unos pueden destruir la vida de otros —reflexionó Malek.

Castración de Urano - Polidoro da Caravaggio (1527)
Anécdotas de Diógenes el Cínico
Diógenes el Cínico (s. IV a. C.), más conocido como el Perro, ha pasado a la posteridad por sus excentricidades, principalmente por los escritos de Diógenes Laercio (s. III d. C.). Este autor, en su ‘Vida y opiniones de los ilustres filósofos’, más que centrarse en el corpus filosófico de los filósofos, suele mostrar sus curiosidades y anécdotas.
En este post quiero enseñar algunas de sus historias más curiosas y poco conocidas.
A pesar de su aspecto huraño, era respetado en su comunidad: “Los atenienses amaban tanto a Diógenes que, cuando un joven rompió su barril, lo golpearon y le cambiaron el barril” (6.42).

Estatua de Diógenes en su patria - Sínope, Turquía

Diógenes en busca del hombre sabio - Johann Heinrich Wilhelm Tischbein (c. 1780)
Aunque puede decirse que él no respetaba tanto a los suyos: “Un día estaba hablando en serio y nadie le escuchaba; entonces empezó a decir tonterías, y vio que una multitud se agolpaba a su alrededor: «Os conozco bien -les dijo-, acudís en tropel a los que os dicen tonterías, y no tenéis más que despreocupación y desdén por las cosas serias»” (6.27). De rigurosísima actualidad…
Debía ser una persona orgullosa: “Fue hecho prisionero y puesto en venta, y cuando le preguntaron qué sabía hacer, respondió: «Mandar a los hombres». Luego, dirigiéndose al pregonero, le dijo: «Pregunta si alguien quiere comprar un amo». Cuando le prohibieron sentarse, dijo: «¿Qué importa? Compramos pescado sin preocuparnos de cómo está colocado»” (6.29).
Sin embargo, su carácter también le produjo problemas: “Unos jóvenes le rodearon y le dijeron: «Tendremos cuidado de que no nos muerdas, Perro». «No os preocupéis, hijos míos», continuó, «el perro no come remolacha»” (6.45).

Diógenes - Jean-Léon Gérôme (1860)
Entre sus excentricidades: “Un día se le vio autocomplaciéndose en la plaza pública, diciendo: "Ojalá pudiéramos apaciguar el hambre frotándonos el vientre"” (6.46).
Y, por último, mi anécdota favorita, que algunos atribuían a Aristipo el Cirenaico: “Llevado a una espléndida casa por alguien que le prohibió escupir, le escupió en la cara, diciendo que no había encontrado un lugar más sucio” (6.32).
Sin duda debía de tratarse de un personaje sin igual, digno heredero de Sócrates, el Tábano de Atenas. Diógenes debió ser igual de molesto, pero ocultaba una sabiduría sin parangón que mostraba de modo práctico en su día a día.
Un titán del saber.

Diógenes - John William Waterhouse (1882)
Mitrídates VI y el veneno
Mitrídates VI Eupator Dionysius (ὁ Εὐπάτωρ Διόνυσος; ‘de buen padre Dioniso’) fue rey del Ponto desde el 120 a. C. hasta su muerte en 63 a. C. Nació en Sínope, antigua patria del filósofo Diógenes, y el joven fue sin duda un personaje fascinante que llegó a mezclarse en asuntos de estado a una temprana edad.

Fortaleza militar de Sínope - William Simpson (1855)
Su padre, Mitrídates V, fue asesinado mediante el veneno. Su madre, Laodice VI, gobernó el reino, favoreciendo a su hermano menor, también llamado Mitrídates. El epíteto de este último era Chrestus (Χρηστός), que se traduce como ‘bueno/útil’. Sin embargo, tras un período de exilio, nuestro Mitrídates adquirió el poder para sí, encerrando a su madre y hermano.
Su política expansionista le llevó a enfrentarse directamente contra la República romana. Una vez que el rey conquistó Anatolia (88 a. C.), masacró a 80.000 ciudadanos romanos que allí residían. Roma encontró esto como una provocación, por lo que ese mismo año se declaró la guerra. Grecia apoyó al oriental, pues su homólogo romano, Lucio Cornelio Sila, se dedicó a saquear templos y santuarios para pagar a sus tropas. Los romanos vencieron y expulsaron a los pónticos de Grecia.
La derrota póntica solo sirvió para que Mitrídates se reorganizara, pero tras dos enfrentamientos más (83-81 y 75-65 a. C.), Gneo Pompeyo Magno lo derrotó. Mitrídates marchó al exilio, tratando de reorganizar un ejército que hiciera frente a los romanos, pero su hijo Farnaces II lo obligó a suicidarse.


Conquistas de Mitrídates VI (88-63 a. C.)
Primera Guerra Mitridática (87-86 a. C.)
La leyenda cuenta que Mitrídates solía tomar regularmente veneno en pequeñas dosis para inmunizarse, probablemente movido por un trauma derivado de la muerte de su padre hacía tantos años. Apiano nos dice lo siguiente: “Mitrídates sacó entonces un veneno que siempre llevaba junto a su espada y lo mezcló. Allí dos de sus hijas, que aún eran niñas y crecían juntas, llamadas Mitridatis y Nisa, que habían sido prometidas a los reyes de Egipto y de Chipre, le pidieron que les dejara tomar primero un poco del veneno, e insistieron enérgicamente y le impidieron beberlo hasta que ellas hubieran tomado un poco y lo hubieran tragado. La droga les hizo efecto enseguida; pero a Mitrídates, aunque caminó rápidamente para acelerar su acción, no le hizo efecto, porque se había acostumbrado a otras drogas probándolas continuamente como medio de protección contra los envenenadores” (Guerras mitridáticas, 16.111).


Grabado de Mitrídates y Bituito
Grabado de Mitrídates VI tras tomar el veneno - Hermann Vogel (s. XIX)
En consecuencia, Bituito, jefe de las tropas gálatas al servicio del rey, atravesó con su espada a Mitrídates, dando fin a la fascinante historia de este monarca helenístico, símbolo de esa mezcolanza greco-persa que tanto buscaba Alejandro.
Paradójicamente, Farnaces II, hijo de Mitrídates, fue vencido en batalla por Julio César, quien dijo aquella famosa frase de veni, vidi, vici. Este hito fue relevante para la propaganda del romano, pues no solo vencía a Pompeyo, sino también desprestigiaba sus numerosas victorias.
El descubrimiento de la Domus Aurea
Según cuenta la leyenda, en el año 1480, sobre la colina del Oppio, un pastor que gobernaba a su rebaño cayó de golpe por un inesperado agujero. Fue tragado por el suelo, pero, para su sorpresa, se encontró en una estancia maravillosa, llena de antiguos lujos que no pudo ni imaginar que existieran. Ese lugar que emitía un aura de melancolía y grandeza no era otro que la Domus Aurea, parte del increíble complejo palaciego que el emperador Nerón mandó construir desde la época del gran incendio hasta su muerte (64-69 d. C.).


Plano de la Domus Aurea
Reconstrucción del complejo palaciego de Nerón
Las obras allí encontradas marcaron un punto y aparte en la historia artística del Renacimiento, iniciando un estilo denominado como ‘grutesco’ (grotte en italiano), ya que su fuente de inspiración provenía de una gruta, y consiste en la utilización de motivos vegetales, vasijas o figuras humanas entre otros.

Motivos de arte grutesco - Domus Aurea

Estatua de una musa - Domus Aurea, Roma
Este descubrimiento, junto a otros, motivó a las autoridades romanas a proteger su riquísimo patrimonio, por lo que, en el año 1515, el pintor Rafael de Urbino fue nombrado ‘prefecto’ sobre todas las antigüedades.

Autoretrato de Rafael (1504-1506)
El edificio original se inició por el emperador romano tras el gran incendio del año 64, cuando vio la oportunidad de hacerse con esas tierras para sus propios fines (la clásica recalificación urbanística que no ha pasado de moda).
El palacio sirvió como claro ejemplo de los excesos del emperador, y, a pesar de que otros emperadores lo usaran para sus fines, poco a poco fue desmantelándose hasta la época de Trajano. El hispano construyó en los restos del palacio sus termas, por lo que poco puede verse de la gloria del antiguo palacio. Sin embargo, este debió ser espectacular y digno de un gusto tan fino como el del emperador, pues el historiador Suetonio (c. 70-126 d. C.) nos transmite las palabras de Nerón al ver finalizada su obra: “¡Por fin puedo vivir como un hombre!” (Vida de Nerón, 31.4).
La venganza del 'michi'
En época de Ptolomeo XII Νέος Διόνυσος (80-58/55-51 a. C.), más conocido como Auletes (Αὐλητής; el flautista), Egipto seguía imbuida en sus milenarias tradiciones. Los pueblos extranjeros, principalmente helenos e itálicos, no comprendían del todo estas costumbres. Esta percepción nos es mostrada por Diodoro Sículo (c. 90-30 a. C.), que en su inmensa obra le dedica el primer libro al pueblo egipcio.

Busto de Ptolomeo XII Auletes (s. I a. C.) - Museo del Louvre
El siciliano dedica muchas páginas a la historia del país, así como a sus tradiciones, pues su público era el heleno, poco habituado a estos datos etnográficos. En toda su obra Diodoro muestra ciertas contradicciones por las cuales sabemos que no estuvo en todos los lugares en los que él dijo haber estado. No obstante, su estancia en Alejandría, así como en Egipto durante el mandato de Ptolomeo XII, parece fidedigna.
En este contexto, Diodoro nos muestra la importancia de ciertos animales para los antiguos egipcios. Entre la bastedad de este grupo se encontraban los gatos, perros, halcones, ibis e incluso animales más dispares como las avispas. Los templos otorgaban ciertas parcelas de tierra a estos animales sagrados, donde se producían los bienes que los debían mantener durante sus vidas. Una vez estas se terminaban, los egipcios lamentaban la pérdida y les honraban con excelentes exequias, adorándolos incluso tras su muerte. Estos animales protegían a los egipcios en su día a día, por lo que dañarlos se condenaba con la muerte.


Los dioses y sus hacedores - Edwin Long (1878)
Momia de gato (Época romana) - Museo egipcio de Turín, Italia

Estatuilla de Bastet (c. 750-715 a. C.) - Museo del Louvre
La siguiente historia sucede, posiblemente, en Bubastis, ciudad ubicada en el delta cuya deidad principal era Bastet, vinculada con los gatos. Según dice Diodoro, “el respeto y el culto por estos animales estaban tan arraigados que, en una época en la que el rey Ptolomeo aún no era aliado de los romanos [año 56 a. C.], y los habitantes acogían con la mayor presteza a los viajeros procedentes de Italia por temor a atraer la guerra, un romano que había matado a un gato era atacado en su casa por el populacho desafiando la posible respuesta de Roma. El criminal no pudo escapar al castigo, a pesar de que su acción había sido involuntaria y el rey había enviado magistrados para salvarlo. No sólo conocemos este hecho de oídas, sino que nosotros mismos fuimos testigos presenciales de él durante nuestro viaje a Egipto” (Biblioteca histórica, 1.83).


Localización de Bubastis, Egipto (número 9)
Ruinas de Bubastis – Egipto
La moraleja de esta historia es que debemos ser conscientes de las costumbres de los locales cuando vamos de viaje.
La batalla de las liebres
El tercer libro de la obra de Estrabón de Amasia (c. 65 a. C. – 25 d. C.) resulta sumamente interesante. En él, el geógrafo muestra las costumbres y la distribución del territorio de la península ibérica. Entre sus páginas nos encontramos con muchas curiosidades. El modo de escritura del autor, entroncado con la etnografía griega, muestra una realidad que, en ocasiones, está corroborada por la arqueología. Es decir, que la información de Estrabón está sesgada por la tradición cultural en la que se inscribe, pero no es necesariamente falsa.
En este contexto literario, Estrabón menciona un hecho insólito. Hablando del país de los turdetanos y su riqueza, es decir, toda la cuenca del río Betis (actual Guadalquivir), menciona que las poblaciones de allí tenían un único problema en cuanto a los animales: las plagas de lebratos o liebres jóvenes.


La abundancia de caza y cultivos se ensombrecía por estos pequeños roedores, que destrozaban lo plantado por los habitantes. Según dice Estrabón, esta plaga era general en gran parte de la península, incluso haciéndose notar en lugares tan lejanos como Masilia, así como en las islas Gimnesias (actuales Mallorca y Menorca). Las poblaciones combatían a estos animales con gatos salvajes libios, criados para introducirse en las madrigueras. Los cazadores esperaban al otro lado y entonces los capturaban.

Mosaico de un conejo devorando unas uvas - Cesarea, Palestina
Sin embargo, las plagas eran tales, que, según cuenta el autor: “los habitantes de las Gimnesias enviaron una vez una embajada a los romanos en petición de tierras, pues habían sido expulsados por estos animales al verse incapaces de oponerles resistencia por su gran cantidad. Pues quizá ante una invasión tan grande (…), como la de las serpientes y los ratones de campo, se produce la necesidad de una ayuda tan grande” (Estrabón, Geografía, 3.2.6).
Si creíais que la guerra de los emúes en Australia fue la más bizarra de la historia, esta no se le queda rezagada.

Conejo de Caerbannog - Caballeros de la mesa cuadrada (1975), Monty Python
Cómo entrenar a tu dra... ¡elefante!
Los elefantes han sido denominados por algunos autores modernos como los tanques de la antigüedad. Su relevancia en el marco clásico es innegable, y abarca una zona geográfica muy amplia, desde Mauritania hasta la India. A pesar de su uso, muchos autores antiguos los describían con cierta imaginación, desarrollando disparatadas ideas sobre estos animales proboscídeos.
Plinio asegura que los elefantes, seres muy inteligentes, pueden percibir los idiomas e incluso que tienen cierta veneración por el sol y la tierra. Dice que algunos elefantes de los bosques de Mauritania viajaban hasta el río Amilas (probablemente el actual río Muluya), donde se lanzaban agua con sus trompas como ritual hacia el sol. También dice que Cayo Licinio Muciano, tres veces cónsul (64, 70 y 72 d. C.), vio cómo un elefante escribió algunos caracteres en griego, construyendo una frase con sentido (Plinio el Viejo, Historia Natural, 8.1.1-8.3.1).

Estos hechos son, sin lugar a duda, exagerados, lo que no significa que sus otras afirmaciones sean inverosímiles. Por ejemplo, el autor menciona que “los grandes colmillos son raros, excepto en la India; en nuestra parte del mundo, todo el marfil que se encuentra allí ha sido consumido por el lujo” (Plinio el Viejo, Historia Natural, 8.4.7). Lo que muestra que la caza masiva de estos majestuosos animales no es solo algo actual.

Mosaico de un elefante africano siendo cargado en el barco (ss. III-IV d. C.) - Veyes, Etruria
Parece que la búsqueda del marfil estaba muy extendida. En África solían cazarlos con arqueros a caballo que disparaban a sus patas. Cuando caía por el agotamiento lo mataban y le arrebataban sus colmillos. Los trogloditas, pueblo etíope, los cazaban subiéndose a los árboles, y cuando pasaba el último ejemplar débil de una manada, se lanzaban encima, lo montaban, y con una afilada hacha lo herían en uno de los corvejones, articulaciones ubicadas en la parte inferior de la pierna (Plinio el Viejo, Historia Natural, 8.7.1).
El mismo autor nos indica que en India utilizan técnicas diferentes, pues un ‘mahout’ o jinete de elefantes, combate contra un paquidermo salvaje mientras monta uno domesticado. Una vez vencido, el jinete monta en el salvaje y este, al verse sobrepasado, se somete a la voluntad humana (Historia Natural, 8.8.1).
De hecho, Plinio destaca que, antiguamente, los elefantes se acorralaban y obligaban a que cayeran a fosos previamente excavados, donde, por medio del hambre, los amansaban hasta poder montarlos. Algo parecido cuenta Estrabón sobre la India, donde encerraban a los animales en gigantescos recintos donde se encontraban con los mahouts y sus monturas. De este modo combatían, y mientras tanto otro hombre ataba las piernas de la víctima para lanzarlos después al suelo. En ese momento les colocaban un collar con púas, por el cual, cualquier movimiento suponía un calvario. Por ello los elefantes dejaban de moverse y se volvían dóciles (Estrabón, Geografía, 15.1.42).

Grabado de una masacre de elefantes en un anfiteatro romano - (1865) Anónimo alemán
Estos elefantes eran usados o bien para labores de agricultura, construcción, entretenimiento, o, principalmente, para la guerra. En la batalla de Rafia (217 a. C.), en la actual Rafah, Palestina, se enfrentaron los ejércitos del faraón Ptolomeo IV contra el ejército seléucida de Antíoco III. En esta contienda ambos bandos llevaron entre 70 y 100 elefantes cada uno. La ferocidad del combate entre estos animales nos lo transmite Polibio: “Sólo unos pocos de los elefantes de Ptolomeo cargaron contra los que se les enfrentaban; los soldados apostados en las torres lucharon valientemente, golpeándose de cerca con golpes de sarissa [lanza que para la época medía entre seis y siete metros]; pero el espectáculo más hermoso fue ver a los propios elefantes cargando directamente unos contra otros y luchando furiosamente. La forma de luchar de estos animales es la siguiente: se entrecruzan sus colmillos, empujándose con todas sus fuerzas mientras se agarran al suelo, hasta que el más vigoroso consigue desviar la trompa del otro; y cuando consigue flanquearle, le atraviesa con sus colmillos, como hacen los toros con sus cuernos” (Polibio, Historias, 5.84).

Dibujo de un combate entre elefantes - (ss. XIII-XIV d. C.) Dinastía Yuan, China
A pesar del caos de la batalla, el instinto prevalece, incluso en los animales, y, según parece, sucedió lo siguiente: “Volviendo a los elefantes de Ptolomeo, la mayoría de ellos rehuyeron el combate, siguiendo la costumbre de los elefantes africanos; no soportan el olor y el grito de sus congéneres indios [del bando seléucida]; también creo que temen su tamaño y su fuerza; en cualquier caso, huyen en cuanto los ven venir” (Polibio, Historias, 5.84).


Estos enormes animales eran maltratados hasta que se sometían, y después morían en las guerras humanas. Por ello, a pesar de que les llamemos ‘bestias’, creo que ellos tendrían más razones para decir eso de nosotros.
El primer timador de la historia
Hacia el año 1.800 a. C., en la ciudad sumeria de Ur, Mesopotamia, se dio lo que hoy en día se considera como el timo más antiguo de la historia. El artífice se llamaba Ea-Nasir, el menos fiable de los comerciantes de cobre de Ur.
En algún punto indefinido del año 3.500 a. C., los herreros de Oriente Medio descubrieron que, mezclando su cobre local con estaño extranjero, producían un metal más fácil de moldear que los anteriores basados en la mezcla de cobre-arsénico o cobre-antimonio. Además, su punto de fundición era mucho menor, lo que ahorraba el gasto energético en el proceso, así como evitaba que burbujeara, facilitando su manipulación de un modo nunca visto. Por ello, el estaño se volvió en un recurso muy valioso, aunque tenía un gran problema: era escaso en Mesopotamia.
Es entonces cuando las comunidades del lugar se abren al mundo en busca de tan preciado mineral. Uno de los lugares de explotación más famosos en el Antiguo Oriente, era la región de Dilmun, cerca de la actual Bahrein, en el Golfo Pérsico. Los comerciantes sumerios recorrían grandes distancias intercambiando textiles y plata por estaño.

De este modo se enriqueció Ea-Nasir, cuyo nombre significa ‘El protector de Ea’, dios de la sabiduría y la picardía. Su vivienda es una muestra de ello, pues se ha excavado en los yacimientos de la antigua Ur. Las casas en Sumeria solían estar muy pegadas entre sí, compartiendo muros y con calles demasiado estrechas para los estándares actuales. La distancia entre paredes la delimitaba la largura de una puerta al abrirse, y la casa de Ea-Nasir no era una excepción. Sin embargo, el interior era otra cosa. Disponía de un patio interno rodeado de cinco habitaciones en la planta baja y, probablemente, otras cinco en una superior. Al compartir muros con los vecinos, era habitual que aquellos adinerados compraran las habitaciones del vecino, sellando la antigua puerta y abriendo una en dirección a su hogar.


Ilustraciones de las casas sumerias

Plano de la casa de Ea-Nasir, en Ur, según las excavaciones arqueológicas realizadas
La vida en la ciudad debía ser agobiante, y por ello Ea-Nasir marchaba a menudo de la urbe por trabajo. Posiblemente hablaba el idioma de Dilmun con fluidez, lo que despertaría el interés de los sacerdotes. A veces trabajaba realizando encargos para el templo, y, otras veces, en asuntos privados. Es en este ámbito de su vida donde conocemos el logro que ha hecho que Ea-Nasir pase a la historia como el primer timador del mundo hasta la fecha.

Los arqueólogos han descubierto un gran depósito de tablillas de arcilla que muestran los tejemanejes del mercader. Una de ellas registra un cargamento de nada menos que veinte toneladas de cobre, un buen ejemplo de la importancia de este personaje en su gremio, mientras que otra muestra la impotencia de uno de sus clientes en el siguiente texto:
“A Ea-nasir, Nanni envía el siguiente mensaje:
Cuando viniste, me dijiste lo siguiente: “Le daré a Gimil-Sin (cuando llegue) lingotes de cobre de buena calidad.” Te marchaste entonces, pero no cumpliste lo que me prometiste.
Pusiste delante de mi mensajero (Sit-Sin) lingotes que no eran buenos y dijiste: “Si quieres tomarlos, tómalo; si no los quieres, vete.” ¿Qué te crees que soy para tratarme con tal desprecio?
He enviado como mensajeros a hombres de nuestra misma condición para recoger la bolsa con mi dinero (depositado contigo), pero los has tratado con desdén y los has enviado de vuelta con las manos vacías en repetidas ocasiones, y eso a través de territorio enemigo. ¿Acaso hay algún otro comerciante que comercie con Dilmun que me haya tratado así? ¡Solo tú tratas a mi mensajero con desprecio!
Por esa única (insignificante) mina de plata que (se supone) te debo, te permites hablarme de esa manera, cuando en tu nombre he entregado al palacio 1.080 libras de cobre, y Umi-abum ha entregado igualmente 1.080 libras de cobre, sin contar lo que ambos hemos hecho registrar en una tablilla sellada que se guarda en el templo de Samas.
¿Cómo me has tratado por ese cobre? Has retenido mi bolsa de dinero en territorio enemigo; ahora es tu responsabilidad devolvérmelo íntegramente.
Toma nota de que, de ahora en adelante, no aceptaré ningún cobre de tu parte que no sea de buena calidad. A partir de ahora, seleccionaré y recogeré los lingotes uno por uno en mi propio patio, y ejerceré mi derecho de rechazo contra ti porque me has tratado con desprecio”.

Tablilla número 131236 - Museo Británico, Londres
Esta tablilla de 11.6 x 5 x 2.5 cm es el ejemplo perfecto del mercader abusivo, de la figura que, en un episodio de los Simpsons, Bill Gates confiesa que para construir un imperio no sirven las buenas formas.
La antigüedad del Backgammon
Los juegos de mesa han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. De ellos, el más antiguo que se conserva hoy en día es el Backgammon, un juego que ha sufrido muchísimos cambios en su larga trayectoria entreteniendo a reyes y campesinos por igual.
La primera mención realizada al Backgammon proviene de un autor galés, llamado James Howell, historiador y escritor del s. XVII, quien, en una carta a un familiar, menciona la existencia del juego. Su etimología no es clara, pues mezcla posibles orígenes galeses, ingleses o franceses, aunque la OED (Oxford English Dictionary) lo describe como la suma de ‘back’ (hacia atrás) y ‘gamen’ (juego), lo que tiene cierto sentido teniendo en cuenta sus normas.

Figuras jugando al Backgammon en un interior - Lucas van Leyden (1494–1533)

Tabla de Backgammon - Augustinerkloster, Freiburgo, Alemania (posterior a 1278)
Sin embargo, el juego tiene muchos antecesores, como la tabula romana. Hay constancia de la existencia de este juego en la sociedad romana desde el s. II a. C., y tenemos constancia de que el emperador Claudio era un habido jugador: ‘Era un gran aficionado al juego de los dados, arte sobre el que llegó a publicar un libro, y solía jugar incluso en sus desplazamientos, haciendo disponer su carruaje y su tablero de forma tal que no se le trastocaran las jugadas’ (Suetonio, Vida de los doce Césares, 5.33.2).


Reverso de un espejo de Bronce con un relieve donde se juega a la tabula - Museo Británico - Praeneste, Italia (ss. III-II a. C.)
Los griegos también tenían juegos similares, con testimonios tan antiguos como el propio Homero: ‘Al momento observó a los altivos galanes: estaban en el patio gozando en jugar a las suertes y echados sobre pieles de bueyes que habían inmolado ellos mismos’ (Homero, Odisea, 1.106-108).
Sin embargo, el Backgammon actual es una evolución de uno de los juegos de mesa más antiguos que se conocen: El juego Real de Ur.

Reconstrucción del Juego Real de Ur - Museo Británico - Irak (2.600-2.400 a. C.)
Este predecesor tiene unas normas un tanto similares, y no han sufrido una gran evolución a pesar de su antigüedad. Los primeros juegos se datan en el 2.600 a. C., y fueron tan populares que se encontraron en tumbas tan distantes como las de Tutankamón (1323 a. C.), en Egipto. El juego se desarrolló como un mero pasatiempo, tal vez una forma de enseñanza para los jóvenes que aprendían las vicisitudes de los templos y saber cómo contar con ellos. La civilización sumeria basaba su poder en el centro religioso, que debía ser constantemente alimentado con ofrendas a los dioses. La necesidad de catalogar estas ofrendas hizo que estos juegos sirvieran no solo para entretener, sino para educar. Pero con el tiempo adquirieron un cariz religioso y mágico, mostrando el futuro de quienes lo jugaban según la casilla en la que caían durante la partida.


Senet egipcio de las dinastías XVII y XVIII - Museo Metrolopolitano, Nueva York, USA - Tebas, Egipto (1635–1458 a. C.)
Grafito encontrado en un toro alado del palacio de Sargon II - Khorsabad, Irak (721-705 a. C.)
El origen del Backgammon se remonta a una antigüedad casi etérea, por lo que, la próxima vez que lo juguéis, pensad que esas fichas conectan a individuos de diferentes tiempos y geografías mediante la diversión.
































